"Los niños no mienten". Es una frase que le escuché a Javier López "Chabelo", a "Cepillín", a Francisco Gabilondo Soler "Cri - Crí", entre otros. Por muchos años me la creí, quizá porque era un niño y funcionaba el mensaje, porque no recuerdo haberle mentido a mi papás, hasta que ya no me percibía como niño, a los 9 o 10 años más o menos. Comencé a mentir, pero lo hacía mal.
De unos días a la fecha, estuve buscando trabajo, y dentro de tantas entrevistas, en una ocasión me sentaron en lo que parecía era una ludoteca o un salón para niños pequeños. En ese lugar, que estaba solo. No había clases o no estaba en servicio. Me senté en una de las sillitas, puse mis cosas sobre una de las mesitas y comencé a poner música en mi celular mientras esperaba.
Unos minutos después, un niño se asomó tras la puerta. Segundos después, se asomó de nuevo. La tercera vez se asomó y cuando intenté verlo se fue de nuevo, pero con una carcajada. Después no apareció, quizá se fue a su salón o con sus papás. No salí a ver. Sin embargo, mi pensamiento no me dejaba en paz, tenía que saber si estaba bien el pequeño.
Al salir, vi al niño dentro de un cuarto y al verme entraba riéndose. Lo hizo un par de veces mientras me acercaba. Necesitaba saber si era un lugar seguro para el infante. Al acercarme, venía corriendo, tropezó y por suerte lo pude "cachar" en el aire, mientras una mujer gritaba el nombre del niño. Por suerte el niño no se lastimó, al contrario, comenzó a carcajearse y al ponerlo en el suelo, sale la mujer y me dice:
- ¿Quién es usted?
- Vengo a pedir trabajo y el niño fue al salón de allí y para saber que está bien vine...
- ¡El niño está bien! - Me gritó. - ¡Se puede retirar por favor!
- Está bien. Buenos días.
La mujer, por lo que vi, es la maestra y trabaja con niños en ese cuarto, en ese salón.
Tras el regaño de la maestra, me fui a la que llamaremos ludoteca. Me senté y puse música de nuevo. Cuando de pronto escuché un:
- ¡Hola! - Era la voz de un niño.
- ¡Hola! ¿Cómo estás? - Mientras me quitaba los audífonos y levantaba la mirada para darme cuenta que era el mismo niño de hace rato. Me respondió.
- Bien. ¿Y tú?
- Bien.
- ¿Qué haces? - Demasiada confianza, me habla como si me conociera.
- Antes, me presento. Me llamo Juan.
- ¿Qué haces? ¿Juegas en tu celular? ¿Vez videos? ¿Estás mandando caritas?
- Estoy escuchando Jazz.
- ¿Puedo escuchar?
- Sí. Nada más deja limpio los audífonos y...
De repente el niño se fue corriendo. En ese momento me levanté para saber a dónde iba y cuando llegué a la puerta, observé que el niño entró al salón adjunto. Me regresé a mi lugar. Mientras me estaba acomodando en la sillita y me proponía ponerme mis audífonos, llegó el niño con un cable en la mano. ¡Eran sus audífonos!
- ¡Dame! - Señalando mi celular.
- ¿Por?
- ¡Dámelo!
- ¿Por?
- ¡Por favor! ¡Ya dámelo!- Se lo dí, le puso los audífonos y se fue corriendo. ¡Con mi celular!
- ¡Adiós! - Me gritó mientras corría.
- ¡Espera! - Me levanté y el niño se metió al salón.
En ese momento venía caminando la directora del lugar. Me pidió que me acercara. Tomé mis cosas y al pasar por el salón, me di cuenta que la maestra tenía mi celular en su mano. Sabía que tenía que pedírselo, pero la directora en ese momento me dijo: Acompáñeme, disculpe la tardanza.
Fuimos a su oficina. Saludé a todos los que me encontraba. No me respondían. La última persona me señaló un cartel que decía: "Silencio". Eso explicaba por qué nadie me saludaba.
Entré a la oficina y comenzó la entrevista.
- Buenos días. Soy la Maestra Gloria, Directora de éste centro. Sus papeles por favor.
- Mucho gusto. Vengo a... - Le decía mientras le entregaba mis papeles.
- Sé el motivo, de lo contrario no estaríamos aquí.
Comenzó a ver mis documentos. Mientras en el reflejo del cristal, que está tras la directora, vi que en su monitor, tenía varias imágenes, entre ellas, una imagen panorámica de la ludoteca, donde estaba hace unos minutos. Vi que se movía algo o alguien y supe que era video. ¡Todo el tiempo observó lo que hacía! Me atrevo a decir que observó cómo me comunicaba con el niño. Eso me estresó un poco.
- Bueno, eso sería todo. ¿Trae copia de los documentos que acabo de observar?
- Sí, aquí tiene.
- Excelente. Si necesitamos de sus servicios, le llamamos. - Clásico. Supe que no me llamarían.
- Hablando de eso, el número que puse en mi solicitud.
- ¿Hay algún problema?
- Lo que pasa es que en la ludoteca. - La ludoteca me interrumpió.
- Sí, es un lugar libre para todos los niños. Están prohibidos los aparatos electrónicos. ¿Me decía?
- No, nada. Si tengo alguna duda le llamo maestra.
- Recibiremos su llamada con mucho gusto. Espero le podamos llamar para que se quede.
- Gracias. Me retiro maestra, gracias por todo.
- Buen día.
La salida no quedaba por el salón. Salí sin trabajo y sin celular.
Me fui a otras entrevistas de trabajo. Alrededor de las 7 de la noche llegué a mi departamento. Prendí la computadora y algo no estaba bien. Entré a mi correo electrónico y el fondo de pantalla era distinto. Los correos que tenía estaban ordenados por asunto. Entré a twitter y el color era distinto, lo mismo con whatsapp, donde había conversaciones eliminadas. Pero lo peor fue cuando entré a facebook ¡fotografías habían sido eliminadas! ¡y había cambiado mi foto de perfil! Pero eso no es lo peor. Había un mensaje de una persona extraña. Antes de leerlo, entré a su perfil y como me lo temía. ¡No tenía foto de perfil! Eso me preocupó un poco.
Entonces me puse a buscar alguna conversación de whatsapp con números antiguos. Buscaba el número del chip anterior. Aun está activo. Me escribí a mí mismo. Puse sólo un: "Hola". Y me fui a comprar algunos tacos.
Cuando regresé, había una nueva notificación del whatsapp. Entré y decía: Hola.
- Quién eres??? Tienes mi celular??? - Le contesté.
Llegó el mensaje pero no lo veía. Pasaron varios minutos, hasta que vi en el estado que decía:
"Escribiendo...".
Minutos después, el mensaje fue el siguiente:
Te casas conmigo o comparto todas tus publicaciones. ¿Te acuerdas de mí? Soy quien más te ha querido. Te veo en el zócalo. Me verás con tu celular en la mano. No te preocupes, te lo devolveré. Voy a dormir. Te espero a las 5 de la tarde. Llega puntual. Si no llegas, manda mensaje a tu antiguo número, te contestaré. No tengas miedo, no soy peligrosa, dame una oportunidad de explicarte porqué hago esto.
Me fui a dormir, pero antes, comencé a recordar a la maestra que tenía mi celular donde fui a pedir trabajo. Fue la última persona que lo tenía. ¿O no? Lo sabría hasta el siguiente día. Por ahora a cambiar contraseñas para evitar que entre de nuevo. Comencé con twitter. En ese momento recibí un mensaje:
No cambies contraseñas. Voy a dejar tus cuentas como estaban. Confía en mi. Te veo mañana en el zócalo. Si no llegas, espero que para esa hora hagas cambios de contraseña, pero tengo todo preparado para que, en cuanto vea cambios en una, tendré el resto bajo mi control. No lo hagas, déjame hablar contigo.
No hice más cambios. Mejor a dormir. Mañana hay un par de entrevistas e iré a ver a la maestra de la escuela en el zócalo.
Al otro día...
Son las 4 de la tarde. Veré si la encuentro antes de que llegue y ver qué hace. ¿Vendrá sola? ¿Con alguien más? ¿Será una trampa? Hoy en la mañana mis cuentas estaban normales, todo lo dejó como antes. Quiero cambiarle las contraseñas pero ¿si cambia el resto de inmediato? ¡Mejor esperaré!
Ya pasaron minutos y no la he visto. He dado vueltas por todos lados y no la veo.
- ¡Hola! - Alguien me habló. ¿Quién es? - Ten tu celular. Gracias por venir. Tengo mucha hambre, vamos a comer donde siempre. ¿Me acompañas?
La vi. No era la maestra que le quitaba mi celular al niño. Con razón no la encontraba. Lo único que le contesté fue:
- Gracias. No tengo hambre.
- Bueno, entonces dile adiós a tus cuentas de...
- ¿Que quieres comer?
- Vamos por un café y un pastel.
Caminamos sobre reforma. Llegamos al callejón de la 6 norte y entramos a uno de los cafés que estaban por el barrio de los Sapos.
- ¿Cómo has estado? - Ella me preguntó. ¿Quién es? ¿Por qué tanta familiaridad?
- Bien.- Le contesté a la extraña.
- Esta conversación se parece mucho a la que tuvimos hace unos años.
- ¿Te conozco? - Se lo dije con mucha extrañeza y miedo.
- Sí hace 6 años. Perdón. No, no lo recuerdas. - Lo afirmó. No lo dijo con nostalgia. ¡Lo afirmó!
- ¿Cómo sabes que no lo recuerdo?
- Déjame contarte qué pasó.
Hace 6 años, estaba lloviendo. Te encontré sentado en una de las bancas frente a una tienda, en la calle 5 de mayo. Estabas llorando. Tenías unas flores en la mano. Te vi y me acerqué. Te pregunté si estabas bien. No me dijiste nada. Me senté junto a ti, sin importar que me iba a mojar. No respondías, sólo llorabas. Era casi imperceptible porque tus lágrimas se combinaban con las gotas de lluvia.
- ¿En serio? - Interrumpí. - Eso suena a un Drama Coreano.
- ¡Así pasó!
- No lo recuerdo.
- ¿Puedo continuar?
Te vi sentado por más de una hora. De repente comencé a estornudar. Parece que mis estornudos te sacaron del trance en el que estabas. Me dijiste: Salud.
- Y me dijiste: Gracias.
- ¿Puedo continuar?
- Ok, Continúa.
No te dije gracias. En realidad no podía moverme. Si no lo sabes, me pongo muy rígida cuando tengo frío. Así que comenzaste a tocar mis manos, mi cara, y te diste cuenta que estaba fría. Corriste.
- ¿Te abandoné? No creo.
- ¡Me vas a dejar contarte lo que pasó o no!
- Es que suena muy de telenovela. - No le creía nada.
- Bueno, quizá lo estoy contando así, pero es como lo recuerdo.
- Entonces corrí. ¿Qué pasó? - Me estaba desesperando.
Vi que te alejaste. Entonces pensé: "¡Me pasa por pendeja! Me preocupo por las personas. ¿Y cómo me pagan? Sólo se van". De repente te vi regresar con un café, de esos del OXXO y comencé a tomarlo. Poco a poco me pude mover. Y la lluvia comenzaba a ser menos. Me dijiste que fueramos a comer. Te dije que no, porque había comido . Me pediste de favor fuéramos porque ya habías reservado los lugares. Y fuimos. Después me dijiste: Necesitas cambiarte, vamos al hotel donde me voy a quedar, te bañas y nos vamos, si no, te vas a enfermar. Te respondí que no. Insististe, porque ya habías pagado el cuarto. Y mientras caminábamos me llevaste a una tienda en Reforma para que me pusiera ropa seca. Me preguntaste cuál era mi talla. Te dije que chica. Tomaste unos pantalones, unas blusas y una chamarra. Lo pagaste y nos fuimos. ¡Ni siquiera me probé la ropa!
- ¿En serio pasó eso? - Parecía que lo sacó de una telenovela.
- ¡En serio! Sólo decías: "Esto era para ella".
- ¿Quién era ella? -Le pregunté muy interesado.
- Dijiste el nombre, pero no me acuerdo. Sé que me lo dijiste. - En ese momento supe que mentía.
- No te creo.
- Sigo contándote lo que falta.
- ¿No has terminado? - Quería irme de allí.
- No.
Nos fuimos al hotel. Cuando llegamos, me dijiste que si me llamaban... dí que sí, así te llamas.
- ¿Cuál nombre? - Dudó en decirlo. Tenía que saberlo. Pero respondió.
- No me acuerdo. ¡Déjame continuar!
- Ok. Sigue.
Nos llevaron al cuarto. Pero cuando me llamaron con ese nombre, me dijeron que los acompañara. Tú me dijiste que fuera, que tenías que firmar algunos papeles, que me alcanzabas. Me llevaron al cuarto, y desde la entrada había foquitos en forma de velas hasta la cama que estaba lleno de rosas. Entré y me senté en la cama. Todo se veía hermoso. Había una iluminación roja tras los muebles. Por un momento pensé sólo salir corriendo de allí. No te conocía. ¿Qué tal si eras un asesino? ¿Qué tal si sólo cambiaste de víctima?
- ¿Neta? ¿Para esto me pediste que viniera? - Estaba desesperado. Me quería ir.
- No, aun falta historia, y al terminar te diré el motivo por el cuál te pedí que vinieras.
- Ok.
Cuando estuve a punto de irme, vi una sombra bajo la puerta, así que me regresé corriendo y me escondí tras la cama. Entraste y prendiste la luz. Toda la magia se terminó. Sólo me dijiste que me bañara, que me quitara la ropa mojada o me iba a enfermar. Y te dije que me iría al baño entonces. Me dijiste que no te gustaba que el piso estuviera mojado, que me quitara la ropa allí, guardara la ropa en una de las bolsas y después entrara al baño. Te dije que no, porque no quería que me vieras desnuda. Entonces te acostaste de lado, me diste la espalda y comencé a quitarme la ropa. Todo el tiempo te vi, para ver si volteabas a verme.
- ¿Si te hubiera visto desnuda?
- Me vestía de nuevo y me iba corriendo.
- ¿No te vi entonces? - No sé por qué pregunté esto.
- ¿Puedo seguir?
- Sigue entonces.
No volteaste para nada. Entre a bañarme, salí en toalla y te dije: Ya salí. ¿Vas a entrar? Entonces te levantaste, te metiste al baño, azotaste la puerta y se escuchó luego luego la regadera. Comencé a ponerme la la ropa. Pero algo faltaba: ¡Una braga! La que tenía estaba mojada. Busqué en las bolsas y no había ninguna. Pensé ponerme la que traía, pero estaba muy fría y mojada. Pensé no ponerme nada, pero no me sentiría cómoda. Así que comencé a buscar en los cajones y me encontré un baby doll. En eso saliste. Viste lo que estaba allí y me dijiste: ¿Te gusta? Llévatelo. Sólo te dije que no, sólo necesitaba la braga. Me dijiste que me la pusiera y el resto me lo llevara. Pero sólo tomé la braga y dejé el resto. Me puse la ropa seca y nueva. Tú saliste con la misma ropa y te sentaste a la orilla de la cama.
- Está muy aburrida la historia. - Ya me quería ir.
- ¿Aburrida?
- Si te hubiera llevado a un hotel o motel o lo que sea, ya te estaría besando sobre la cama.
- No lo hiciste, y eso me sorprendió, porque con quienes he salido. ¡Eso no es lo importante!
- ¡Qué es lo importante! - le pregunté con un grito. Todos voltearon a vernos.
- Ya voy a terminar.
Te sentaste a la orilla de la cama y me dijiste: Todo esto era para declararle mi amor a...
- ¿A quién? - Le pregunté desesperado.
- No me acuerdo. - No le creía. Comencé a molestarme.
- No te creo. ¡Sí lo sabes!
- Deja terminar de contarte. Te estás enojando igual que ese día.
- Me siento raro. - Mis manos estaban temblando. Sentía mucha ira.
- Creo que estás comenzando a recordar. Continúo con la historia.
Entonces me dijiste que la persona que te dejó con las flores en la mano, antes de comenzar con todo ese plan, te dijo que estaba embarazada y que tendría un hijo, pero que no era tuyo, y se tenía que ir. Comenzaste a llorar como un niño. Golpeabas la cama hasta el cansancio. Me daba miedo verte así. No quería acercarme porque pensé me harías daño. Así que me fui acercando poco a poco a la puerta. Me viste y me dijiste: ¡No te vayas! Por favor. No te vayas. No estoy enojado contigo. Por favor, no me dejes solo. Yo te dije que era muy tarde, necesitaba ir a mi casa. Me diste tu celular y me dijiste le marcara a mi familia para que supieran que estaba bien y que no llegaría sino hasta mañana por la mañana.
- ¡Yo no haría eso! - Se lo dije extrañado.
- Lo hiciste. ¡En serio! Allí comenzaste a caerme bien.
- Después de que llamaste, seguramente hicimos el amor. - Se lo dije con voz burlona. Echa se comenzó a enojar, y tras azotar las manos dijo.
- ¡Chinga! ¡Eso es lo que te da curiosidad de todo lo que te he contado!
- No, pero...
- ¡Tenías que ser hombre chingada madre!
- ¿Tuvimos sexo?
- ¿Me ves cara de puta?
- Perdón. No era mi intensión.
- ¡Tengo cara de...!
- No.
- Entonces deja terminar de contarte. De buena gana cambio contraseñas de tus cuentas y me largo.
- ¡Espera! ¡No! Discúlpame. Perdón.
- Está bien.
Entonces simulé que hablé a mi mamá. Pero lo que hice fue copiar tu correo electrónico, tu número de celular y me lo envié por whats y eliminé el contacto al final. Guardabas en unas notas tus contraseñas así que también me las envié. Tenía que protegerme en caso de que fueras peligroso. Como mi celular estaba descargado, no sonaba ninguna notificación. Por lo que tenía que cargarlo y al momento de prenderlo bajarle el volumen para que no te dieras cuenta de los mensajes, y eso lo tenía que hacer cuando no estuvieras. Si borraba los mensajes desde tu celular, no podría verlos en el mío. Así que me arriesgué y te dije que ese número era de mi mamá, pero en realidad era mío.
- Muy inteligente. - Le dije ya más calmado.
- Ni tanto. - Y tomó un poco de café.
Entonces me dijiste que buscáramos un café. Salimos en la madrugada y buscamos por varios lados, hasta que encontramos uno. Me pediste antes que dejara el celular en el hotel, para que regresara. Entonces en el café me dijiste que te ibas a casar, que la amabas, que no podías vivir sin ella. Pedías alcohol pero el mesero me hacía caso cuando le decía que te dijera que no.
- ¿Por qué? Necesitaba tomar para olvidar.
- Eso es una tontería. A parte, si te ponías mal ¿yo que hubiera hecho?
- Me cargabas y me llevabas al hotel.
- ¡Con mi estatura de 1.45 y tú mides como 1.70! Deja de decir tonterías. Ya voy a terminar.
Me dijiste hasta de lo que se iba a morir. Seguías llorándole hasta que el café nos invitó a retirarnos. Querías ir a un bar, pero no te dejé. Así que pasamos a un OXXO y preguntaste si vendían alcohol y te vendieron una botella pequeña y carísima de tequila. Regresamos al hotel. Te tomaste la botella como si fuera agua y te recostaste en la cama.
- No creo, si hubiera tomado, en ese momento te hubiera aventado a la cama y...
- ¡Hombre tenías que ser!
Te recostaste y comenzaste a dormir, roncabas muy fuerte por cierto. Así que aproveché para ir por mi celular y tu celular para guardar los datos que me envié y eliminar los mensajes desde tu celular pero no me sabía la contraseña. Prendí mi celular en el baño, como pude, traté que no sonaran las notificaciones.Salí, prendí tu celular y me di cuenta que era contraseña con patrón porque se veía el trazo sobre la pantalla, entré borré mensajes. Lo dejé en la cama, tomé mi ropa y bajé a la recepción del hotel y solicité que me pidieran un taxi. y me fui.
- ¿Eso es todo? - No podía creer que perdí tanto tiempo sólo para escuchar tanta tontería.
- Sí, eso es todo.
- ¿Para eso me hiciste venir?
- No, es para que vieras a Mónica.
- ¿Mónica?
- Ve tras de ti. Tuve que hacer tiempo porque la señora no llegaba.
Entonces di la vuelta y la busqué por todos lados. Cuando regresé la mirada, estaba sentada junto a, por cierto, ¿cómo se llama?
- Oye ¿Cómo te llamas? - Le pregunté a la amiga de Mónica.
- No importa. Me despido. Los dejo solos. Espero recuerdes lo que pasó esa noche.
- No recuerdo nada.
- Si te acuerdas - Se acercó a mi oído. - No se lo comentes a Mónica.
- ¿Qué?
- ¡Bye! - Y se fue.
Mónica estaba sentada frente a mí. Me le quedé viendo. No la recordaba más que la vez que le daba el celular al niño de aquel centro escolar.
- Hola - Me dijo, pero no sabía si saludar o comenzar a preguntar por qué tantas vueltas para verla.
- ¿Para qué me citaste aquí? - A Mónica se le llenaron de lágrimas lo ojos. Dijo.
- Primero, para pedirte perdón porque el día que me fui y te dije que estaba embarazada de otra persona, no fue cierto. El niño era tuyo. ¡Es tuyo! ¿Recuerdas el niño que te quitó el celular ayer en la mañana?
- Sí.
- Se llama Juan, igual que tú.
- Pero. ¿Cómo? ¡Qué está pasando!
- Me tuve que ir, porque mi madre estaba muy enferma. Siempre negué a mi familia, porque me daba pena. Ella estaba muy mal de salud física y mental y no quería que la conocieras. Con el tiempo me di cuenta que era una tontería, pero tuvimos que irnos a la Ciudad de México y sé que me hubieras acompañado, pero, preferí irme, sabiendo que estaba embarazada de ti. Me fui pero no quería dejarte solo. La que se fue, es mi amiga, se llama Ana, ella te iba a a convencer de andar con ella.
- ¿De qué? - En ese momento supe lo controladora que era. Pero ella pensó que mi expresión era porque no recordaba algo o alguien.
- Eso tiene una explicación. Lo que pasa es que a otro día, me arrepentí de lo que había hecho. Entonces le pregunté a mi amiga dónde estabas, me pasó todas las claves de tus redes sociales y en facebook vi que estabas en un hotel. Le dije a mi papá que fuéramos, pero al llegar, tu ibas saliendo y te atropelló. Te tenían que trasladar a un hospital. Pedimos te llevaran a donde mi mamá. Cuando llegamos, nos enteramos que mi madre había muerto mientras te atendían en urgencias. Te internaron y nos dijeron que estarías en coma por tiempo indefinido.
- ¿Por qué no lo recuerdo?
- Eso nos dijo el médico, que era probable que no recordaras nada. Si te pido que te acuerdes de una travesura cuando eras niño ¿Qué me dirías?.
- Yo no hice nada malo, era un... - Me interrumpió Mónica.
- era un niño bien portado. Eso te decía tu mamá durante la rehabilitación después del coma.
- Esto es muy confuso. - Mi cabeza comenzaba a doler. Mónica seguía con su historia.
- Pasaron los años. Tu padre murió. Meses después tu madre murió. Entonces quedaste a la deriva. Así que le pedí a unos familiares que te permitieran estudiar en una escuela que ellos administran. Estudiaste Psicología mientras te rehabilitabas y tuviste práctica en el mismo hospital, y por alguna razón, tuviste más práctica con los niños internos. Has buscado trabajo en muchos lados, pero como... - Le interrumpi.
- Como soy hombre, eso no le da confianza a los padres que llevan a sus hijos a sus escuelas.
- Así es. Por eso le dije a mi tía, la directora de la escuela donde trabajo, que te contratara. No está aun de acuerdo, dice que los padres rechazarían la propuesta. Pero cuando te vio por las cámaras cómo te dirigías a los niños y cómo salvaste a Juanito que salía del salón disparado después de tropezar, lo está tomando en cuenta para contratarte.
- Entiendo, pero ¿qué haces aquí' Todo lo que me estás diciendo no lo recuerdo.
- Porque no has recuperado la memoria del todo. El médico me ha dicho que lo que te tengo que decir, no lo haga, hasta que te acuerdes de toda tu vida o puedo provocarte otros problemas. Pero... - La interrumpí.
- Entonces ¿me iba a casar contigo?
- Sí. Lo que quiero decirte es que... - De nuevo interrumpí.
- ¿El niño que ibas a tener, es mi hijo?
- Sí. Es el que saludaste en la ludoteca y salvaste que se golpeara al tropezar en su salón.
- ¿Quedé en coma?
- Sí. Tu mamá te ayudó a rehabilitarte lo más que pudo antes de morir.
- ¿Por qué nunca me lo dijiste?
- El médico nos dijo que saber esto tan pronto, perjudicaría tu rehabilitación. Te han dado de alta hace pocas semanas, mismo tiempo que has comenzado a buscar trabajo.
- ¿Estudié Psicología?
- Sí, durante la rehabilitación. Y en el hospital practicabas y más con los niños.
- Necesito alcohol, pero si tomo... - Mónica me interrumpió y completó la frase.
- puedes morir. Eso te decía tu mamá cada vez que pedías tequila.
- ¿Y es cierto? o fue otra idea de mi madre.
- Eso es verdad.
Estoy en shock. No logro aun procesar tanta información en tan poco tiempo. Entonces comenzaron a llegarme imágenes de Mónica, de Ana, el momento en que me atropellaron, las luces del hospital, el rostro de mi madre y en el fondo Mónica y al parecer sus papás. Todo comenzaba a tomar sentido. Comencé a recordar más y más cosas. Quería salir corriendo de ese lugar, pero decidí quedarme. Entonces Mónica comenzaba a preguntarme si estaba bien. Ella notó que no del todo. Comenzó a llamar a su papá. Minutos después, me desmayé.
Al despertar estaba en mi departamento. Acostado. Vi a todos lados como cuando tengo pesadillas, buscando referencias. Fui al baño y me eché agua en la cara. Estaba muy agitado. Es entonces, que tocan a mi puerta. Veo el reloj y son las 9 de la mañana. Abro y entra un pequeño, el niño que saludé en la ludoteca. Escucho una voz.
- Hola. Buenos días. - Era Mónica.
- Entonces no fue una pesadilla. - Me regreso agachado hacia mi cama.
- No. Te pusiste mal. Te trajimos aquí y el médico que llamamos te puso un sedante.
- ¿Qué quieres? - Le pregunté, mientras me atrancaba en la entrada de mi cuarto.
En eso aparecen los padres de Mónica.
- Vinieron mis padres. Vinieron para cuidar a Juanito. ¿Podemos hablar?
- ¿No podemos hablar aquí?
- No frente a Juanito. Vamos al carro.
Nos fuimos al carro de los padres de Mónica. Y ella comenzó a llorar.
- Mónica. ¿Estás bien?
- Sí, sólo necesitaba llorar.
- Sigo sin entender nada. ¿No se supone que tu madre murió?
- Sí. Es la pareja de mi papá. Es de toda mi confianza.
- Todo es tan complicado. No entiendo nada. No sé para qué estás aquí.
- Voy a morir. Voy a morir y muy pronto. Y necesito saber si puedes ser padre de Juanito.
Me quedé mudo. No sabía qué contestar. Me desmayé de nuevo. Aparecí en la cama de mi departamento de nuevo. Al despertar, vi hacia arriba, hacia los lados. Todo estaba en silencio, hasta que un niño saltó sobre mí, y gritaba: ¡Ya despertaste! ¿Jugamos?
En ese momento entró Mónica y sus padres. El niño quería jugar pero sus abuelos le pidieron que no me molestara, que tenía que hablar con su mamá. Salió del cuarto y Mónica se acercó y me dijo:
- Es normal que te desmayes. Eso nos dijo el médico. Nos recomienda que no pase tan seguido, sino entonces sería muy peligroso. ¿Cómo te sientes?
- Estoy bien. - Le contesté y casi inmediatamente le pregunté - ¿Cuánto tiempo de vida te queda'
- Eso no importa. - Me dijo con la cara viendo hacia el piso.
- ¿Cuánto tiempo? - Casi gritando le pregunté.
- Poco más de un año. Al parecer son las mismas causas por las que mi madre murió.
- ¿Saben las causas?
- Aun no, pero viendo lo que pasó mi madre, estiman el mismo tiempo. Aun hay esperanza de sobrevivir, pero eso no es lo importante, lo que me interesa es saber es si quieres ser papá de Juanito.
- ¿Cómo ser padre de un niño que no conozco?
- Quizá no te acuerdes, pero en el hospital le enseñaste los colores, algunas formas, números, letras. Él sabe que eres de la familia. Aun no le digo que eres su padre, pero lo has sido todo el tiempo. Por eso tuvo la confianza de subirse a la cama como hace rato. Te tiene mucha confianza.
- ¿Podré? - Si me desmayo cada rato, no es buena señal.
- Aun hay tiempo para saberlo. Si no se puede, entonces buscaríamos quién lo cuide cuando muera. - Se detuvo. Emocionada me dijo. - ¿Eso fue un sí?
- Sí - Cuando respondí, me abrazó, me dio un beso en la mejilla. Cuando se tranquilizó le dije. - ¿Quieres que nos vea juntos? ¿Como pareja?
- Siempre nos ha visto así.
- ¿Y si no me recupero? - A pesar de mi respuesta, las dudas me invadían.
- Sé que lo harás.
Entonces comenzamos a tener una vida en familia. Mónica y yo, poco a poco nos llevamos como una pareja. Su salud con el pasar de los meses se deterioraba. Los médicos no sabían lo que le pasaba. Estaba muriendo. Intenté con todas mis fuerzas recuperarme, para que Mónica en caso de morir, supiera que Juanito estaba en buenas manos.
Pasaron los días. Mónica agonizaba en casa. Y pidió que estuviera con ella a solas. Me dijo:
Juan. Gracias. Desde que te conocí, supe que eras mi compañero de vida. Pensé que alejarme de ti, sería lo mejor, pero me di cuenta a tiempo. Aunque casi te matamos mi padre y yo, ahora estás bien, muchos años después. Sé que dejo a Juanito en buenas manos.
Le dí un beso en la boca y en ese momento, respiró muy profundo y casi como un susurro dijo:
Te amo...
Y murió.
Comencé a sentirme mal, creí desmayar. No pasó y comencé a llorar dolorosamente. Mi hijo entró, abrazó a su madre, y lloramos juntos.
Disculpa por contar mi historia. Disculpa porque fue muy extensa. Debí ser más concreto pero, era necesario para que supieran que, cuando hay amor, todo es posible, siempre que, sea amor, a pesar de los errores o malas decisiones durante el camino.
Escrito por: @Roberto Coyomani
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