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La mayoría ignora, que ignora.

Una mañana,cualquiera, me fui a sentar a un parque. Todo era tranquilo hasta que se sentó junto a mí un cuidador de carros, o como los llamamos aquí: "Un viene-viene". Se me quedó viendo, y no me dijo nada. Así pasaron varios días, me sentaba en el mismo lugar, y él se sentaba a mi lado, pero no me decía nada.

Pasaron las semanas y de repente se acercó, sacó un cuchillo y me dijo: 

"Mira, no te espantes. Te vendo este cuchillo. Es usado. Era de mi mamá. Acaba de morir. Ando vendiendo lo que dejó, lo más que pueda, para comer". 

Entonces le pregunté: 

¿Cómo eras cuando niño, cuando pequeño?

La respuesta fue la siguiente:

Cuando era pequeño, vivía en una vecindad, muy pequeña por cierto. Aun recuerdo que era el único niño allí. Al principio no me gustaba, porque no podía jugar con nadie, ni con mis papás.

De allí en adelante, cada vez que me sentaba en el parque, le saludaba, le preguntaba cómo estaba, se sentaba y me platicaba algo. Cada día me platicaba un cachito de su vida. Te dejo lo que me decía en cada encuentro.

Encuentro 1:

Tengo a mi hermana, pero aun era bebé. Cuando quería jugar, el bebé aun no podía. Corría alrededor de ella y mi mamá me regañaba. Decía que la podía lastimar. ¿Cómo le hago para jugar?Mme preguntaba. Así que un día comencé a jugar en el patio. Estaba con mis carros, un ladrillo, algunas cubetas. Todo iba bien, hasta que el vecino me saludó. Lo escuchó mi madre y me metió a la casa. Nunca supe por qué.

Encuentro 2:

En la escuela no podía jugar porque la maestra que tenía nos daba tareas cada rato. Incluso al momento de jugar, nos dejaba algo qué hacer mientras, según ella, para que no perdiéramos el tiempo. Parecía que jugar era malo, era perder el tiempo, era hacerle daño a otras personas.

Encuentro 3:

Siempre me encerraban en casa. En la escuela el juego poco, y como me castigaban, no salía al recreo. No podía salir a la calle por era peligroso. No podía jugar en el patio porque molestaba a los vecinos. ¿Qué podía hacer? Fácil, ver videos en el celular, en la computadora; ver programas de televisión donde ya me había memorizado los diálogos de las telenovelas y los comerciales. Aun así mi maestra decía que tenía problemas de aprendizaje.

Encuentro 4:

No he mencionado a mi papá. Él era muy calmado. No le gustaba provocar problemas. Sólo me dicía: "obedece a tu madre" y se iba a dormir porque tenía sueño, porque estaba cansado. Cuando traía comida porque mi mamá no cocinaba ese día, me pedía que no la desperdiciara. Me compraba cosas y decía que le costaron y que la debo cuidar. Me daba todo lo que podía. El psicólogo con el que estaba me decía que necesito perdonar a mis padres.

Encuentro 5:

¿Jugar era malo? ¿Convivir con los vecinos era malo? ¿La escuela para mí era mala? ¿Era malo para mis padres? Todo estaba mal, yo estaba mal.

Había más preguntas pero no las recuerdo. Todo lo que te acabo de decir, nace por la pregunta que me hiciste: ¿Cómo eras de pequeño? Así era. 

Encuentro 6:

Si me preguntaras si era feliz, sí, sí lo era. Hubiera querido que mis abuelos convivieran más conmigo pero si iba con ellos, mis papás me llamaban. Después me di cuenta que la que me llamaba era mi mamá. Un día le pregunté a la abuela si mi papá era obediente de niño y me dijo que era muy travieso, pero sí le hacía caso. Entonces le dije por qué ella y mis otros abuelos dejaban hacer lo que quisieran a mis papás si son sus hijos, tenían que obedecerles. Sólo me decía: Ya están grandes, son adultos, deberían saber qué hacer o buscar ayuda. Se los he propuesto, pero no hacen caso. A veces me preguntaba: ¿Por qué mis papás les tengo que obedecer y mis papás ignoraban a mis abuelos?

Encuentro 7:

Ahora que lo recuerdo, mis abuelos regañaban a mis papás, pero no les hacían caso. Eso explicaría por qué no hice caso a mis papás cuando llegué a la adolescencia. El anterior Psicólogo me decía que mis padres no tenían la culpa, y si se equivocaron me toca a mí rectificar. ¿Así los papás se pueden deslindar de su responsabilidad? Parece que sí. El Psicólogo me decía que me quitara ese peso de encima, cuando el mismo Psicólogo me puso más peso del que traía. 

Encuentro 8:

Cuando era niño, pensé que crecer era lo mejor, porque tendría más oportunidades de hacer lo que quisiera. Y es una mentira. Cuando fui adolescente mis papás me ignoraban por completo. Si no estaba en la casa, era malo. Si estaba en la casa, les era un estorbo. Si iba con mis abuelos, mis papás estaban al pendiente qué fue lo que les platiqué, y me amenazaban todo el tiempo, no querían que me acusara con ellos.

Encuentro 9:

La pregunta fue cómo era en mi niñez. Quizá no tuve experiencias desagradables como otros a quienes conozco, que pasaron por golpes, abandono, violencia. Pero a veces me pregunto: ¿Por qué todo lo que hacía, para mis papás y mis abuelos, estaba mal?

En cada encuentro comenzaba a llorar. No lo veía todos los días, no iba a veces por semanas al parque. Pero cuando me encontraba, parecía que sabía en qué parte de su historia se quedó. En cada encuentro se me quedaba viendo y me decía:

¿Puedo darte un abrazo?

Le decía que sí. Y me daba uno muy fuerte.

Cada vez que iba al parque, me saludaba y le preguntaba: ¿Cómo estás? Me respondía, me platicaba. 

Meses después ya se bañaba, comenzó a trabajar, cambió mucho en pocos meses. Desafortunadamente uno de sus amigos, lo asaltó y al no quererle dar dinero, le clavó un picahielo. Murió. Fui a auxiliarlo. Tomé un taxi y el conductor accedió a que lo lleváramos a un hospital. Al llegar lo subieron a una camilla. En urgencias me dejaron entrar, él dijo que era su padrástro. Ya dentro me dijo:

Gracias. Gracias por escuchar. Eso es lo que necesitaba desde que era niño. Un tío lo hizo, pero se suicidó y nadie lo hizo más hasta que te encontré. Gracias.

Comenzó a llorar. Se quejó muy fuerte de un dolor en el lugar donde lo picaron. Apretó mi mano y exhalo el aire que había acumulado. Había muerto.

La vida no es justa. Pareciera que son más los malos que los buenos. Si nos escucháramos, quizá, sólo quizá, las cosas serían diferentes. Ignorar nos permite no ver lo que siente el otro y nos motiva a hacerle lo que queramos, no nos importa lo que le pase. La violencia nace por no querer aprender a hacer algo distinto. Desafortunadamente la mayoría ignora que ignora.

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