¿Te ha pasado que nada de lo que haces es suficiente? Parece que soy la única que le ha pasado. Todos a mi alrededor están como si nada. ¿Será que no les exigen nada? Somos 45 en el salón ¿Nadie quiere ser la primera mas que yo?
Esto me preguntaba ayer, y aprendí que... bueno, mejor te cuento la historia, porque si comienzo con el final, no vas a querer leer lo demás. ¿O sí?
Llegué a la escuela, como todos los días. No parecía ser un día diferente. Entré a la escuela y el ambiente se sentía distinto al normal. Comencé a presentir que algo no andaba bien. Todo se intensificó cuando llegué al salón y no había nadie. Por un instante pensé que no había clases y nadie me había avisado. Eso pensé, no estaba tan equivocada, nadie me avisó que no habría clase porque sí había clase, lo que no me dijeron es que estarían en el auditorio. ¿Cómo me enteré que mis compañeros estaban allí? Porque mi mejor amigo estaba al fondo del salón, esperándome.
- ¡Yo no sabía nada! ¡Te lo juro!
- ¿Qué pasa? ¿No sabías qué? - Le pregunté angustiada. Me imaginé lo peor.
- Llegué muy temprano, y me enteré. Yo no lo sabía, de verdad, no lo sabía.
Antes de seguir, quiero compartirte que, no era muy querida en mi salón. Te mentiría si dijera que no sé por qué le caigo mal al salón. Lo sé, y muy bien, pero es una larga historia. Intentaré reducirla en unas cuantas palabras.
La semana pasada, quedamos en que nadie tenía que venir ni jueves ni viernes de la semana. Nos pusimos de acuerdo entre todos para que no tuviéramos falta. No estaba de acuerdo, desconfié en que el grupo lo haría y llegué con el pretexto de ir a la biblioteca el viernes, porque el jueves vi en mi muro de facebook que alguien llegó y que, por su culpa, tendríamos todos una falta.
Hasta ese momento no había ningún problema, pero como menor de edad, mis papás abrieron la cuenta y hasta ahora me enteré que tiene una función para que desde sus propias cuentas puedan ingresar a la mía, se enteraron, me buscaron y me dieron la regañada de mi vida. Así que mis padres llamaron a la escuela y llamaron al resto de los papás para avisarles del plan y que tenían que enviar a sus hijos el viernes.
Comencé a recibir amenazas ese jueves hasta el lunes por la madrugada, porque no se atrevieron a decírmelo de frente, pero bastaba con sus miradas, sus indirectas, sus rechazos.
La semana fue difícil. Por eso, ahora que llegué, pensé que habían hecho la misma estrategia y no me habían avisado, pero el ver a mi amigo, todo comenzó a ser extraño.
- ¡Dime qué sabes! - Le pregunté angustiada.
- Mejor vete a tu casa, de verdad, vete a tu casa. Si te ve alguien del salón, no les hagas caso, es una trampa.
Comencé a angustiarme aun más. ¿Para qué me pidió mi mejor amigo me fuera a mi casa? ¿Por qué no tendría que hacerle caso a los compañeros del salón?
- ¡Vámonos! - Me decía mi amigo. - Antes de que te vean, tienes que irte.
- ¿Por qué?
- ¡Vamonos! - Me decía mientras me jalaba del brazo. Hasta que puse resistencia, le quité sus manos de mi brazo, y después de recuperar el equilibrio, me dijo.
- ¡Haz lo que quieras! ¡No me digas que no te lo advertí! - Lo decía mientras corría hacia la entrada de la escuela.
Regresé al salón a buscar alguna nota, algo en el pizarrón, alguna pista de lo que estaba pasando. Desafortunadamente no encontré nada. Saqué mi celular y no tenía internet. Así que me fui a la biblioteca, a donde estaban las computadoras, para intentar acceder a mi facebook. Llegué, entré, busqué las computadoras, encendí una, y seguía la mala suerte. ¡Facebook estaba bloqueado en esa computadora!
Estaba a punto de salir, cuando vi a dos compañeros de mi salón pasar enfrente. Traté de esconderme para que no me vieran. Pasaron frente a la biblioteca, y traté de salir tras de ellos, a sus espaldas, para que no me vieran.
En ese momento tuve que tomar una decisión. Irme a la casa o seguirlos y saber dónde estaba el resto del grupo. Decidí lo segundo, así que comencé a seguirlos. Y no fue demasiado lejos, estaban en el auditorio.
El auditorio tenía un segundo piso, rogaba para que estuvieran abiertas las entradas laterales y sí, al entrar, me fui por las escaleras de las puertas laterales y sí, afortunadamente no había nadie arriba. Así que lo más silenciosamente posible, subí y al ver hacia el escenario, me di cuenta de que estaban reunidos algunos compañeros, al parecer era una reunión de alumnos, pero sólo de mi grado. No entendía nada, sólo veía, desde arriba, que estaban pasando frente a los maestros de español y Educación Cívica. ¿Se están registrando? ¿Para qué?
Pasaron varios minutos. Cada vez eran menos compañeros. Cuando pasó la última compañera, los maestros se quedaron sentados. Se veían muy relajados, veían sus relojes. Uno de ellos exclamó: ¿Alguien más? ¡Nos vamos en 10 minutos!
Bajé de allí lentamente. Me asomé a ver si había algún compañero en la entrada. Entré al auditorio en la parte baja. Caminé hacia donde estaban los maestros, y mientras lo hacía, ellos se quedaron callados. Uno de ellos me dijo:
- ¿Qué haces aquí?
- No lo sé.
- ¿Quieres registrarte? Necesitas sólo apuntar el nombre del tema y tu nombre.
En ese momento me dio una hoja. Escribí mi nombre y en la parte superior de la hoja decía: "Palabras libres". Lo primero que me llegó a la mente fue: Venganza. Así que lo registré. Me dijo un maestro:
- Mándanos tu texto a éste correo. Ponle un sinónimo. Si eres la ganadora, pasarás a leerlo frente a todos, aquí, en el auditorio.
- ¿Cuántas cuartillas son el mínimo? - Los maestros comenzaron a reír.
- Ese dato lo tiene tu jefe de grupo. Como no nos vamos a ver hasta el lunes, te paso el dato.
Buscó en su celular la convocatoria y me lo mostró. Decía: Concurso de reflexión. No más de una cuartilla.
No pregunté más. Salí de allí. Vi que compañeros estaban fuera del auditorio y comenzaron a verme. Uno de ellos dijo: ¡Vamos por ella!
Corrí con todas mis fuerzas hasta la salida de la escuela. Afortunadamente había un autobus en la esquina de la escuela. Pensé que no lo alcanzaba. Cuando subí, le dije al conductor que me querían golpear, así que cerró puertas y arrancó. Ya estaba camino a casa.
Al llegar, fui a mi recámara. Prendí la computadora. Inicié sesión en facebook y tenía varias notificaciones que llevaban a un meme que decía: "La curiosidad mató al gato". Los comentarios eran amenazantes. Después revisé los mensajes, pero uno fue el que provocó que temblaran mis manos y comenzara a llorar. No tenía nombre de usuario conocido, no lo tenía agregado en mis contactos, pero el mensaje era corto y concreto: Si ganas, mueres.
Mi hermana escuchó mi llanto. Entró a mi cuarto. Me abrazó muy fuerte y me dijo:
- Te tienen miedo, se la primera y veremos qué pasa.
Algo hizo mi hermana, tomó captura de pantalla, copió varias cosas de mi facebook y se fue. Pero antes me dijo:
- No sé qué tienes que hacer para ganar, pero hazlo. Mientras yo me encargo de averiguar quién te está amenazando.
Entonces comencé a escribir mi texto. Al terminarlo lo envié al inbox de la convocatoria y dijeron que en el auditorio el lunes a las 9 de la mañana se mencionarían los ganadores y el primer lugar sería leído por su autor en el momento. Se lo comuniqué a mi hermana y me dijo:
- Lo que están haciendo es una amenaza. Es poco probable que te hagan daño, pero déjame investigar si puedo identificar al dueño del facebook. Ese día no iré a la universidad, estaré frente a la escuela y veremos si cumplen o no con su amenaza, pero no estarás sola. Si estás en peligro sólo corre hacia la entrada de la escuela, yo estaré allí.
Tuve que esperar. Lo que se me ocurrió fue hacerle algunas modificaciones al texto que envié. Después de tantos cambios, lo dejé igual, pero añadí algo al final. Pasaron los días, hasta el lunes por la mañana.
Cuando llegué, todos se me quedaron viendo, amenazantes, como siempre. Nadie se acercó, pero en mi lugar había una nota dentro de un trozo de papel: "Si ganas, mueres". Levanté la cara y no vi a nadie que se me quedara viendo, que me diera un indicio para saber quién me amenazaba. Así pasaron los minutos, hasta que a las 8:40 de la mañana, terminó la segunda clase y nos llevaron al auditorio para el evento.
Al llegar, rogaba que me tocara en una butaca que estuviera a la orilla, cerca del pasillo. Los nervios eran por sentirme mal con mis compañeros de grupo más que, si ganaba o no. Sabía que no ganaría, lo que escribí no lo hice con el objetivo de ganar, así que no había nada qué temer.
Como todo evento, comenzó tarde. Los maestro se subieron al escenario, hablaron de la importancia de escribir y comenzaron a mencionar a los ganadores. Mas o menos dijeron lo siguiente:
- En este momento comenzaremos con la mención de los tres mejores textos de "Palabras Libres". Comencemos con el quinto lugar...
Con cada nombre que pasaban, me sentía nerviosa. No sabía qué podía pasar. Mencionaron nombres de compañeros que no eran de mi salón. Hasta que llegaron al tercer lugar, donde mencionaron a una y comenzó a llorar en su asiento. Subió a recibir su reconocimiento llorando y cuando regresaba me clavó su mirada hasta que llegó a su lugar. Esto comenzaba a preocuparme porque no ganó la compañera y fue una de las que me persiguieron el día del registro. Quería irme, pero un maestro me vio y con señas me pidió me regresara a mi lugar.
El segundo lugar fue un compañero de otro grupo. Eso me daba aliento porque la mejor de mi salón aun no la mencionaban y los maestros la favorecen desde que entramos a la secundaria. Comencé a respirar más tranquila, no había manera de ser agredida, comencé a tranquilizarme un poco. Todo iba bien, hasta que los maestros mencionaron mi nombre. El auditorio aplaudió, menos los de mi salón y se levantaban molestas la que creí ganaría y su amiga, quien ganó el tercer lugar. Estaban llorando del coraje y eso no era buena señal para mí.
Comencé a caminar hacia el escenario. Mientras subía, los maestros me veían preocupados. Uno de ellos me dijo al oído:
- No te bajes del escenario, al terminar te paras a mi lado.
Saludé a todos los maestros, recibí mi reconocimiento y me pidieron subiera al estrado para leer lo que escribí. Me paré frente al micrófono y en el momento que iba a comenzar a leer, la directora de la escuela apareció. Los maestros se levantaron, comenzaron a aplaudir mientras se acercaba a mí, y me dijo:
- Párate junto a mí, yo voy a leer tu texto.
Me hice a un lado, y la directora dijo lo siguiente:
Maestros, alumnos de la secundaria la cual dirijo. Comenzaré a dar lectura al texto de su compañera. Todos pongan atención.
Venganza
Desconfiar de los compañeros de mi grupo, ha desatado una serie de acciones que me provocan miedo. El hacer lo correcto en la actualidad, es causa de señalamientos, de amenazas, de venganza.
¿Qué es la venganza? Es una acción realizada, justificada a partir de una acción violenta que hizo daño a la persona que toma venganza o alguno de sus parientes o conocidos más cercanos. La definición no la encontrarán en un diccionario, es la conclusión a la que llegué a partir de la experiencia.
La violencia a través de amenazas, de advertencias, de intimidaciones para hacer justicia por una acción que perjudicó a una mayoría, mayoría que estaba convencida de hacer lo mejor, pero no por ello lo correcto, hace que la violencia sea cada vez más agresiva, provocando miedos, o peor aun, ansiedad, depresión que, como en otros casos que son ignorados por los adultos, el adolescente llega a ver el suicidio como una salida ante tal violencia que hoy le llamo venganza.
Mis palabras son libres, porque la denuncia es parte de, emitir la voz a la comunidad y decir: ¡Basta de violencia!
Hoy le llaman bullying, pero es una agresión violenta. No se le debería ver de otra manera, porque de hacerlo, se pierde el tiempo para apoyar al compañero que es víctima de la violencia, repito, violencia.
La venganza es violencia, y el hacerlo, hace crecer aun más la violencia. Dejemos de justificar la venganza y dejaremos de hacer crecer la violencia. El acuerdo, las reglas, las normas, deberían ser las columnas en las que podamos apoyarnos ante la violencia, y no sólo ser pilares inalcanzables para aquellos que ante la violencia prefieren callar, callar en vida o callar en muerte.
No a la venganza, no a la violencia.
La maestra terminó. Todos en el auditorio guardaron silencio, nadie aplaudió. La directora no pidió aplausos, sólo comenzó a llorar. Mientras, todos comenzaban a verse entre sí, y a murmurar.
La directora, tras limpiarse las lágrimas, continuó:
He recibido información por parte de la familia de su compañera. Hemos investigado el fin de semana su información y coincidió con la información que expresa su compañera en este texto, en esta denuncia, y con mucho dolor tengo que mencionar, que he tomado la decisión de expulsar a las agresoras y agresores de su compañera. Por su atención, gracias.
En ese momento las compañeras que lloraron durante la entrega de resultados, comenzaron a correr hacia mí y comencé a buscar refugio. En ese momento la directora me abrazó y cuando las compañeras estaban a punto de golpearme, se detuvieron y llorando se dirigieron a la directora:
- ¿Por qué nos vas a expulsar?
- Yo no mencioné ningún nombre, pero ahora que te has delatado y expuesto, te lo digo de frente, estás expulsada.
- Pero soy tu hija y ella tu sobrina.
- Tengo congruencia, valores, ética. Saldrás de esta institución y ya veré a dónde entrarás en los próximos días. Y aprovechando los testigos, sólo quiero mencionar a los familiares - Apareció mi hermana y mi mamá entre los maestros. - les digo a los familiares que, asumo la responsabilidad de los daños que cometa mi hija a su niña.
La directora me dejó de abrazar, tomó a su hija y sobrina de las manos y se alejaron. Desde entonces no supimos nada de ellas, por lo menos, hasta el día que escribo mi historia, historia en la que, estuve a nada de sufrir violencia, por ser, la primera.
Escrito por: @Roberto Coyomani
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